Conocer a Santa Claus

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Señoras, señores y agnósticos abstenerse.

Viajé desde muy lejos, realmente muy lejos para llegar hasta allí, desde uno de los países mas australes del mundo hasta una de las tierras más al norte. Tomé aviones, buses y hasta crucé el límite del circulo ártico para asegurarme de que:

Santa Claus sí existe.

Cuando visito estos lugares me gusta pensar como un niño y al igual que Disney, este lugar esta preparado para que solo tengas que creer.

Ellos ya se ocuparon de hacer todo lo que alguna vez imaginamos cuando pensamos en la leyenda de Santa Claus. Tal vez te quedes unas horas o días, pero basta con poner un pie en el Santa Claus Village para creer en todos esos cuentos que alguna vez nos contaron y asi volver a maravillarnos con la magia de la navidad con sus colores y con su ingenuidad.

Y si me disculpan, yo soy de las que prefieren creer en ello, al menos por un rato. Un mimo al alma de lo más lindo.

Llegamos muy temprano por la mañana, una elfa nos esperaba justo en el limite del circulo polar ártico para comenzar este recorrido contándonos el primer secreto de Santa, y es que cada vez que el lo cruza, su edad se detiene.

Haciendo la recorrida llegamos a su oficina, sus elfos nos saludan mientras caminamos por los escurridizos pasajes, hasta dar con él.

Un reloj que vuelve el tiempo hacia atrás es la clave para que siempre sea medianoche para que pueda repartir todo los regalos y la palanca está en alto hasta la próxima navidad. De repente llegamos a una sala de lo más bella, un viejo sillón y juguetes por doquier nos indican que es el lugar para esperarlo, pero basta con relajarse para que una risa conocida nos sorprenda. Llegamos a donde trabaja el verdadero Santa Claus.

Todos los días del año su oficina esta abierta al publico, es gratuita y recibe niños y adultos de todo el mundo. Entre risas nos cuenta que no tiene vacaciones desde hace años pero que realmente es muy feliz viviendo entre la naturaleza de Laponia. Se toma el tiempo de charlar con cada uno de sus invitados, nos cuenta de sus renos, de sus platos favoritos sin dejar de ser Santa ni un solo segundo.

Con su barba perfecta nos saluda en un español claro y conciso, y es que sabe decir feliz navidad en más de veinte idiomas.

Abrazándonos como si nos conociéramos de toda la vida, nos despedimos y cruzamos a la oficina de correo. Las cartas son de lo más importante para Santa, recibe medio millón de cartas al año de todas partes del mundo. Lo más curioso de todo es que no hace falta saber la dirección exacta, basta con poner Polo norte, o Santa Claus office que todas llegan allí. La oficina, perfectamente atendida por elfos de la zona, se encuentra decorada con muchas de ellas en todos los idiomas. Cada tanto se realizan recuentos mundiales para saber de que país escriben mas.

Nos confiesan que Santa lee todas, pero no muchas puede contestar, pero se pueden asegurar que todas están en destino.

 

 

Nos sentamos en la oficina y escribimos unas cartas para nuestros yo del futuro, también para nuestra familia, y es que desde el Polo norte por unos pocos euros podes saludarte en tu próxima navidad con una estampa oficial de la casa de santa. Uno de esos recuerdos que quiero que tengan mis hijos, y yo también claro.

 

Terminamos el día en la granja de Santa paseando en Mara, uno de sus renos favoritos por los bosques nevados de Laponia.

 

Al finalizar el día calentamos nuestras manos con jugo de arándanos calientes y mientras comemos una salchicha asada en un refugio escuchamos música navideña observando el árbol de navidad que jamás se extingue.

Y aunque parezca increíble, aquí es navidad todos los días y nosotros acabábamos de conocer al legendario Santa Claus.

 

Conocer a Santa Claus. Hecho

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