Celebrar un día de la tradición en San Antonio de Areco

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Nos alejamos solo 100km de la emblemática Buenos Aires para llegar a las tierras gauchas. Campos, estancias, trigo y caballos monopolizan el ambiente.

Ya se vive un ambiente muy relajado y eso que vamos rumbo al legendario pueblo de San Antonio de Areco, sede oficial del día de la tradición.

Se trata de una de las celebraciones más antiguas del país, rinde homenaje a la vida rural reviviendo así practicas de los hombres y mujeres de campo. Jineteadas, peñas, tropillas, música y hasta toda clase de comida criolla.

Durante toda una semana desde el 1ero de Noviembre, hasta el 10, día oficial del día de la tradición.

El pueblo se colma de actividades, desde ferias hasta fiestas hasta largas horas de la madrugada. El desfile gaucho es la estrella de este gran evento. Y es que por unas horas, gauchos y paisanas de todo el país desfilaran luciendo sus atuendos tradicionales partiendo de la antigua plaza de un pueblo que parece que aún vive en el siglo XX.

Mujeres, hombres y niños de todo la ciudad colman las calles o salen por las ventanas para saludar a los héroes del desfile. Muy poco se encuentra vallado, por lo que los caballos caminan libres los pies de los espectadores. Un espectáculo único que se vive y se siente muy de cerca, tal como si estuviéramos años atrás.

El desfile no siempre fue la estrella del festejo, se puede decir que en el primer día de la tradición allá por 1939, un estanciero sin mayor aceptación, colega del intendente municipal se paso por las calles luciendo una hermosa bandera lo que le otorgo una distinción los distintos gauchos. Fue entonces que en 1941, un empleado del municipio recordó lo ocurrido, tomo una bandera y corrió a entregársela al primer gaucho con caballo que encontró. Desde allí, se instaló una costumbre, el jinete pre abanderado y su escolta se dirigen al desfile y llega al palco oficial, donde la autoridad de mayor rango, le entrega la bandera de desfile que recién entonces lo convierte en abanderado que da inicio a este evento.

Don Gómez, un tropillero de 82 años, ya un símbolo del día de la tradición.

Hoy en día el desfile puede durar horas y nadie convoca a los integrantes del mismo, es una locura ya que es un evento que parte del corazón del país, de ese sentido gaucho que se lleva en el alma. Es un hecho total y completamente espontáneo, es un amor único por la patria que se ve desde niños pequeños hasta de personajes arcaicos.

 

Pueden venir a desfilar de todas partes de Argentina siempre y cuando respeten las normas de vestimenta del gaucho y de las paisana. Los centros tradicionalistas levantan sus estandartes y sus hombres marchan entre los caballos pero no hace falta pertenecer a uno para desfilar. Muchos orgullosos de su pueblo se visten y exponen sus mejores corceles para representar a sus tierras sin ser convocados por ningún centro. Y esto sin duda es lo más rico de esta fiesta. La autenticidad y el orgullo de cada uno de los gauchos y paisanas.

Las tropillas y jineteadas son otro espectáculo de este día.

En la playa de doma y destrezas gauchos de todas las provincias exponen sus habilidades mientras que solo una pequeña cerca nos separa de los enardecidos caballos. Los tropilleros se llevan los aplausos del publico y es que son capaces de guiar decenas de caballos a través de una yegua madre que mantiene un lazo único con su dueño, lo que le permite circular sin ataduras por el pueblo manteniendo a toda la caballada bajo un mismo galope. Una tradición gaucha tan antigua pero que sigue embelleciendo la vista de todos los presentes.

Y no puede faltar la música y el asado.

La peña de la tradición es toda una fiesta para sus visitantes. Y es que después de un día de campo, sobre el emblemático parque Criollo, mesas largas se expanden de lado a lado dejando un espacio para todo aquel que quiera bailar la zamba, escondido, chacarera y toda clase de danza típica del país. Mientras que lugareños preparan el asado y las mujeres venden empanadas. Música en vivo, y grandes bailarines de todas las edades colman la pista para todo aquel que quiera seguirlos. No hay límite de horario, la noche se vuelve única y entre más oscurece más personas colman la plaza para bailar. Y si bien la primavera ya tiene pasado un mes, los ponchos se vuelven muy útiles para ser parte de esta fiesta campestre.

Y así entonces al grito de ¡Viva la Patria! Podemos tachar de la lista, Festejar un día de la tradición en Argentina.

 

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