Semana Santa en Jerusalén

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La ciudad antigua de Jerusalén se volvió tal vez uno de mis lugares favoritos en el mundo. ¿Se imaginan una ciudadela donde convivan tres religiones simultáneamente? ¿Qué es lo primero que se viene a la mente cuando hablo de una convivencia tan grande? Y la respuesta es CAOS.

Jerusalén es el epicentro del catolicismo, pues según la biblia fue el lugar del vía Crucis de Jesús,  donde su cuerpo resucitó  , lugar donde se dio la última cena y donde vivió los últimos días previo a su muerte. También lo es para el Islam, ya que contiene la Mezquita de Al Aqsa en una explanada llamada Haram al Sharif, donde Mahoma que viajó desde la Meca oro por todos los profetas y la Cúpula de la Roca donde esta la roca donde se cree que Mahoma  ascendió a los cielos. Por último también lo es para los judíos ya que se encuentra el  Kotel, o Muro de las Lamentaciones,  constituido para extender la explanada donde fue edificado el Primer y Segundo Templo de Jerusalén. Dentro del templo estaba el “Santo de los Santos”, el lugar más sagrado del judaísmo donde se encontraba la primera piedra de donde se construyó el mundo y donde Abraham se preparó para sacrificar a su hijo Isaac. Uno puede creer en lo que quiera creer pero que algo paso en este lugar, eso es seguro.

 Domingo de Ramos

La celebración de la semana Santa comienza con un día muy importante, el Domingo de Ramos, momento en que Jesús llega  la ciudadela y el pueblo lo espera con hojas de olivos en alto. El mismo día fue mi elegido para llegar a la ciudad. Católicos de todas parte del mundo se acercaban con sus ramos en alto para hacer su entrada. Es tal vez el día mas festivo de toda la semana, se escuchan cantos por doquier y las iglesias reciben a sus fieles mientras bendicen los racimos que acarrean.  Fue hace dos mil años, pero se siente como si pasara cada año. La gran caminata termina en el huerto de Getsemaní a las afueras de la ciudad donde se cree que Jesús descanso antes de ser apresado.   Y es allí entonces cuando empieza la rememoración de la pasión.

Jueves Santo

La semana continua con misas que se dan en la ciudad pero es el Jueves Santo cuando retoma su máximo esplendor la celebración. En el  día se celebra la Eucaristía en el Santo Sepulcro y por la tarde , los Franciscanos realizan peregrinación al Cenáculo, lugar donde Jesús celebro su última cena. Sin embargo lo más apasionante se da por la noche donde miles y miles de fieles se acercan al huerto de Getsemaní para la procesión de la luz a la luz de las velas. No importa el frío, el viento o las escalinatas que haya que bajar o subir, miles y miles de personas cuidan de su fuego para unirse en el camino que va hasta la iglesia de San Pedro en Gallicantu, donde se cree que fue el lugar en el que Jesús pasó la noche después de ser arrestado. Silencio que se entremezcla con algunos cantos de angustia. Se crea o no lo que se vibra es indescriptible, como si la esencia de la historia estuviera viva, como si por momentos nos olvidáramos que han pasado años de aquellos acontecimientos, como si realmente Jesús estuviera allí. Un sentimiento extraño, pero a la vez reconfortante. Para quienes profesen la fe católica no pueden perderse este momento.

Viernes Santo

El viernes Santo es tal vez el día con mayor carga emocional en las calles de Jerusalén. Pues allí en la llamada Vía Dolorosa se conmemoran la Pasión del Señor y la crucifixión en el Calvario, seguidas del Vía Crucis. Si miles de fieles se acercan todos los años para realizar el mismo camino que hizo Jesús en su lecho de muerte, imagínense lo que puede ser el viernes Santo. Desde muy temprano por la mañana, luego de la procesión de los padres Franciscanos, peregrinos de todas partes del mundo se asoman acarreando cruces entre las multitudes mientras rezan en conjunto.  Catorce estaciones forman parte de este recorrido, todas relacionadas a los acontecimientos sucedidos ante la muerte de Jesús. La procesión comienza en iglesia de la Flagelación donde Poncio Pilato condena lo condena a muerte y termina en el interior del Santo Sepulcro donde Jesús muere.

Caminar por las calles durante esta actividad es casi imposible, el caos se apodera de cada rincón, mujeres lloran mientras tocan las paredes de la iglesia de María donde esta la estación numero cuatro, cuando Jesús se encuentra con su Madre.  Los hombres caen rendidos en el arco “Ecce Homo”, donde Jesús es condenado a cargar la cruz. Cientos de idiomas hacen un sonido único que solo convergen en una palabra “Amén”. Sin embargo al entrar al Santo Sepulcro la tensión se vuelve real,  no quedan lugar en las escalinatas, en los pasillos, los cantos retumban en paredones milenarios y la muchedumbre se quiebra al ver el fastuoso sepulcro donde se da su lecho de muerte. Desesperación de los fieles al ver a los sacerdotes y patriarcas, porque en el Santo Sepulcro además convergen distintas ramas del cristianismo como los católicos, coptos, ortodoxos griegos, armenios entre otros. Un escenario de fe máxima que invoca al fanatismo. Llantos, plegarias,  nos hacen perder la noción del momento en el tiempo en que nos encontramos.

Sábado Santo

El sábado Santo, se celebra la vigilia pascual. Se hace de noche en el Santo Sepulcro y cientos de fieles unidos a los frailes realizan la procesión fúnebre alrededor del de la cámara donde el cuerpo de Jesús residía.  Todos los que moran esa noche en el sepulcro esperan la resurrección, al igual que dos mil años atrás. Si uno observa con cuidado puede ver como miradas perdidas de desvían hacia el techo y un ambiente de suspenso y ansiedad inunda la sala. Vuelvo a sentirme extraña, como si esperará que algo sucediese esa noche en ese lugar. Una energía distinta recorre recoveco e iglesia que convive en el sepulcro más famoso del mundo. Las horas parecen eternas, y aún así los fieles continúan llegando. Hay un hombre, vestido como Jesús, que hace días camina descalzo por la ciudad, y allá esta, sentado, esperando.

 

Finalmente se enciende el fuego pascual junto con la bendición del fuego nuevo. Las luces poco a poco se propagan por toda la iglesia uniéndose entre peregrinos para la celebración.

 

Domingo de Pascua

Finalmente llegamos al Domingo de Pascua o el domingo de Resurrección. Entrar ese día al sepulcro es tal vez de lo más complicado. Cada sub iglesia se prepara para su misa “Jesús a resucitado” y los devotos no pueden evitar su emoción. Empujones, cantos, una adrenalina que se vuelve incluso algo violenta cuando las ramas del catolicismo se juntan en el recinto cortando los pasos que rodean la cámara del sepulcro. Los Coptos abren su iglesia y en la división de panes la muchedumbre se enloquece, las filas custodiadas por los Armenios, quienes vigilan el ingreso a la piedra de la resurrección, se desmoronan y mezclado con los cantos católicos todo se vuelve un caos. Si tiene suerte subir algún mirador puede ser increíble para apreciar el fervor que se siente dentro del Santo Sepulcro ese día. 

Uno puede creer en lo que quiera, desde una religión hasta en las energías, uno incluso puede no creer en nada. Pero hay algo que no se puede obviar y es en la fuerza de la humanidad. El fervor, la emoción, la fe.  Fui a este viaje siendo una creyente más, una no familiarizada con la biblia, una conocedora de la historia y listo.  Pero de eso se trata en recorrer el mundo basado en fiestas, en aprender nuevas perspectivas, nuevas miradas de la historia o de las creencias que creíamos olvidadas. 

Considero que esta celebración se mantiene en los años porque es una celebración a la fe, lo que al fin y al cabo hacer que todos sigamos hacia delante. Independiente de la historia, lo que une a miles de peregrinos de todo el mundo esta semana es una tierra con miles de historias que siguen motorizándonos a continuar gracias a la fe.

 

 

Semana santa en Jerusalén. HECHO

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