Navegar el amazonas

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Mientras más viajo, más me doy cuenta de lo afortunados que somos de vivir en este planeta. Cuando pienso un segundo en todo lo que existe en la tierra, supera a cualquier novela o película que nos hayan contado.

 

Llegue al Amazonas pensando que sería un viaje más, un ítem de la lista como muchos otros, pero a mi sorpresa despertó un nuevo desafió en mi.

Iquitos fue mi puerto Amazónico en esta aventura, Ninoska junto a todo su equipo de Avatar Lodge organizaron mi traslado directo del aeropuerto a mi cabaña en las orillas del río mas famoso de Sudamérica. Para los que tengan interés en recorrer esta zona, el lodge junto con la organización Amazon River, son encargados de preservar y proveer el destino turístico, por lo que con mucho cuidado y dedicación le facilitan al turista la posibilidad de visitar  este rincón del mundo de manera natural tanto como para el visitante como para los lugareños. Y déjenme decirles que esto lo considero esencial cuando se trata de destinos donde la naturaleza abunda.

Cargamos mis valijas a la embarcación, un alargado bote de madera cubierto con lonas a los costados (por que si, las lluvias abruptas son un plato típico en esta parte del mundo) y en solo unos pocos minutos vemos como a lo lejos el río comienza a cambiar su color. – Allí donde el color marrón corta de manera abrupta el color oscuro del agua que navegamos, allí empieza el Amazonas- me dice Ninoska , quien grandiosamente maneja el lodge de Avatar, mostrándome la línea perfecta en donde el río Nanay abandonaba su dominio para dejarnos entrar al tan esperado Amazonas.

El río Amazonas cruza nueve países, sin embargo Perú y Brasil son quienes tienen mayor territorio del mismo. La lluvia caía fuertemente esa tarde, pero me acerco a la proa lo más que puedo, no me importa mojarme, el calor es tan fuerte que las gotas son un alivió. La vida sobre las orillas me parece alucinante, barcas de pescadores salen de aquí para allá, pequeñas casas de pueblos perdidos en la selva se observan entre los arboles, pájaros vuelan de un lado hacia otro y sobre el río borbollones de peces me alimentan la emoción de encontrar el delfín rosado. –Es más fácil verlo por  la mañana- Me dice el capitán de la embarcación, pero estamos en la naturaleza y así como nada esta escrito cuando de ella se habla no pasan unos minutos que ya veo el saltar el primero frente a mi, si así de mágico es el Amazonas.

 

Durante mi estancia en la amazonia peruana, los días consistieron en navegar y descubrir sus alrededores. Temprano por la mañana me sume amaneceres que entremezclados con el verde del pantano y el marrón del agua dieron colores que no había visto en mi vida. Los delfines rosa, curiosos y poco tímidos, se acercaban a nuestra embarcación dando saltos tan cortos y rápidos que eran imposibles de captarlos con la cámara.   A lo lejos lanchas rápidas cargadas de pasajeros unían Perú con Colombia en un viaje de doce horas, mientras que lanchas pequeñas salían rumbo a los destinos de pesca en el corazón del río.  Observábamos círculos, como torbellinos en el agua que de repente rodeaban la barca. –La leyenda dice que se trata de una serpiente gigante- nos cuentan los guías locales –Pero son solo leyendas locales – nos tranquiliza entre risas, y es que estamos en el terreno de una de las serpientes más fastuosas que tiene el mundo, la anaconda, quien alguna que otras veces se atrancan en redes locales de pescadores accidentalmente fomentando así uno de los cuentos más temidos de la selva.

También visitamos algunas comunidades cercanas, lugares donde la gente convive entre el barro, los mosquitos y los pastizales como moneda corriente.  En mi lucha por no caer en el lodo me di cuenta que unas niñas que jugaban junto a un perezoso estaban descalzas corriendo entre los fosos de barro de su pueblo y divirtiéndose con el agua de la lluvia cual pileta de natación.

 

Los pueblos levantados entre palafitos de madera y casas con forma de barcazas son un verdadero deleite para la vista. Todo parece suceder en compasé con el medio ambiente volviendo cada lugar que visito una postal de una vida que no imaginaba encontrar.

 

Los perezoso también se volvieron un de las estrellas de este recorrido, niños pequeños habían rescatado una pequeña cría, pues, como me habían dicho -Todo lo que camina es comida en la selva-  y marchaban junto a ella como si fuera un miembro más de la familia. La devoción de ese animal me parecía fascinante, en su cara sentía lo agradecido que estaba con sus compañeros de vida, que por más que fueran de diferente especie entre abrazos se entendían.

 

Navegar el Amazonas me enseño también sobre el sonido de la naturaleza. No recuerdo haberlo escuchado tan nítido en ninguno de mis anteriores viajes. El sonido del cauce corriendo, los grillos, los pájaros, las pisadas de los perezosos, el balancear de los monos, los sapos. Al caer el sol hacían que esta mezcla se vuelva un placer para mis oídos, de las músicas más sinceras que pude haber escuchado.

 

Navegando un río descubrí una cultura escondida en las orillas, conocí una nueva paleta de colores y sobre todo el sonido de una naturaleza vibrante que convive con el ser humano en un escenario de esos que sorprende a cualquier viajero.

 

Navegar el Amazonas. HECHO.

Si quieren más información sobre el tour que realice para hacer mi visita, les recomiendo ingresar a al pagina de AVATAR AMAZON LODGE . El mismo lodge se encarga de organizar el recorrido del viajero desde que llega al aeropuerto de iquitos hasta que se va, incluyendo comidas, excursiones diversas según los deseos del viajero. Pueden mirar mas en la nota sobre el Lodge también

 

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